Jueves 13 de marzo 2008
Fresia
John Collier escribió Los indios de las Américas hace más de 50 años. En ese entonces no estaban de moda las palabras sustentabilidad ni cambio climático, pero ya él nos anuncia la crisis de la relación entre las personas y la naturaleza y nos exhorta a aprender de las comunidades primitivas que poblaron el continente en oleadas migratorias desde hace 15 000 años.
Señala que lo que hemos perdido –y aún conservan las comunidades aborígenes- es la relación orgánica con la naturaleza y el cosmos. El mayor desafío no está en la tecnología ni en la ciencia, sino en hacer posible el arte de vivir.
“La concepción animística y mágica del mundo lo condujo (a la humanidad) a un supuesto que vino a ser una de las fuerzas modeladoras de la historia. La hipótesis que el hombre incorporó a sus instituciones fue la siguiente: que la intensidad de conciencia –el anhelo concentrado y permanente, y el sentimiento de poder, de alegría, de felicidad, de belleza, y de unión con las fuentes del ser- le sirvió eficazmente para el control mágico de la naturaleza, mediante su asociación con los dioses.
Así se fundó y se mantuvo el arte de la vida. Los elementos de este arte de la vida formaron el idioma, la canción, la danza, el ceremonial, la artesanía, la disciplina ascetica, la lucha y la caza.”
Todo estaba conectado. Collier señala que “la verdad de la intensidad vital, la forma de vivir, la belleza de las relaciones humanas, la felicidad y la grandeza de la personalidad no dependen de la complejidad de una cultura material, ni de esa “seguridad” que ha pasado a ser, en nuestro mundo, el patrimonio principal… Los dioses recorren los caminos del hombre, y todos los caminos del hombre son sagrados.” Aún existen los grupos herederos de otra visión, a la que tenemos que escuchar de nuevo, para aprender.
Que todo el mundo cante
De Ushuaia a la Quiaca
“Leda Valladares siempre hablaba del poder del unísono, de la gente cantando, no a voces ni haciendo armonía, sino todos lo mismo. Lo vemos en una cancha de fútbol, por ejemplo, cuando miles de voces cantan la misma melodía en unísono.” Gustavo Santaolalla.
“…que los chicos hagan canto colectivo en lugar de coro. En un coro, las maestras eligen a los que mejor cantan y esa es una forma de discriminación. Porque dejan un montón de pibes afuera, en un grado de 25, tal vez eligen 3…” León Gieco.
Pájaros y animales
Escuchando el tercer disco De Ushuaia, abre con la canción del Tero. Violincitos, acordeones… igual que las que nos tocaron en San Pedro Ycuamandyu, la del burro y la del sapo. Me puse a pensar que esa es una búsqueda que ha habido en todo América, ponerse a imitar con los instrumentos los pájaros y animales, y tiene mucho del juego y la risa inocente de los niños.”
