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14 de febrero 2008

Fresia
Es la energía. Alguna química hace que mi energía vibre en otra frecuencia.  Cada viaje sucede el milagro pero aún no me acostumbro.  En algunos momentos puedo sentir ondas, como olas del mar, que me recorren.  Y sin embargo, así como es de fuerte, es de frágil.  Se puede romper el milagro con sólo que nos encontremos desde otro lugar.  Es catorce de febrero y salgo a caminar por Buenos Aires.   Se suceden unos a otros los cafecitos y los edificios, los rostros.  Mi corazón explota de emoción.  Quedo abrumada de tanto, casi puedo palpar con mis manos un sabor dulce y apretado en el pecho.  Salgo buscando amansar mis aguas.   Saboreo un helado y es de piña.

Este se ha vuelto un río caudaloso y lleno de afluentes.   Parece que él nos lleva a nosotros y no viceversa.

Crece la tripulación
Mientras en Mesoamérica, un grupo de animadores comunales y productores visitan el puerto de San Carlos, en el río San Juan, frontera de Nicaragua y Costa Rica, en el Sur, Paraná, se anima a las comunidades litorales a levantar la bandera.

Vienen pescadores y líderes de Resistencia y Santa Fe, del Chaco y Paraná a reunirse con Manuel, Daniel y Alejandra en Santa Fe.  Conocen el río como la palma de sus manos y todos quieren que esté vivo.  Del río viven y comen y con él pasan más tiempo que con su mujer. 

En Capitán Bermúdez los choripanes de Toki calientan el estómago mientras el día se hace corto para tanta música y tanta amistad.  Un perro hace eco del piano.  El río ya casi ni se puede mirar, con las márgenes como ventanas cerradas por un cinturón de concreto. La gente de esta ciudad sólo tiene 60 metros para mirar al río Paraná.   Teatreros comunitarios, maestras y luchadores comunales se suben al río infinito. 

En Rosario llegan a Aire Libre, un hermoso centro cultural, que tiene radio, teatro, biblioteca y computadoras para que los chicos del barrio puedan volar y hacer crecer sus talentos.  Aire Libre se construyó bloque por bloque, ladrillo a ladrillo en las horas libres de los pobladores.  Porque lo han amasado como un pan, sus manos lo sienten propio.  Y así como el corazón se alegra con este bello proyecto, se entristece al enterarse que hay quien sube niñas de 6 y 12 a los barcos que atracan, como juguetes de inescrupulosos mercaderes de la vida.  El río sabe también de estas historias y llora y no quiere callar.  

De la mano del destino
Los ojos de León se hacen chiquitos y brillantes cuando lo cuenta.  No puede parar de reír.  Es mucha sincronía.  Gieco también planeó viajar en noviembre por el río Paraná.  Si. En un barco.
Así, el memorable León Gieco, que ya viajó de Ushuaia a la Quiaca se monta al barco del Río Infinito.   Manuel dice: hay que tener cuidado con lo que pedimos, porque a veces es muy grande. ¿Será que estamos siendo llevados por la mano del destino?
Yo pienso más bien que Manuel es un mago que convoca y trae luz. Por eso se dan estos milagros.
En la noche, el Chango Spaciuk se acerca con el corazón en las manos.  El no quiere perderse el viaje.  Abraza a todo el mundo y promete ir a San José para tener espacio y tiempo de charla.  Un encuentro de magos que nos deja sin aliento.

Leo De Ushuaia a la Quiaca y no lo puedo creer.
Una y otra vez tengo la sensación de estar escuchando nuestra historia con otras voces, con las voces de Gieco y Santaolalla.    “La elección del repertorio quedaba ligada a la voluntad de los propios intérpretes.  Nosotros no vamos a “salvaguardar la cultura de la provincia” sino que vamos a aprender de nuestros mayores.”  Has visto, sí es un método.

 “Buscar no los folcloristas establecidos, sino a los alternativos del folclore”.  A los manantiales, a las fuentes, a los que tienen la tradición. Son casi las mismas palabras de Manuel.  Las fotos, casi las mismas. 

Cosa extraña: este libro editado hace 4 años, cuenta  una historia sucedida hace 20 años.  Y nos habla del viaje en el que estamos inmersos ahora.  A ratos me siento metida en una película que alguien ya vivió, como en la ficción.  Como si ese símbolo del infinito nos conectara con otra forma de movernos en el mundo, donde no hay tiempo.  Una nueva manera necesaria para esta América ávida de respuestas y caminos.

“Creo que el hecho de haberme movido en América, me ha ayudado a tener una conciencia más planetaria, y encontrar que todas las músicas existen en todo el planeta tierra, y que si uno está sintonizado con esas fuerzas puede apreciar, y hasta participar, de muchísimas formas musicales que existen en muchos lugares del mundo”  dice Gustavo Santaolalla, y no puedo dejar de acordarme de la defensa que hace Manuel de la memoria genética.  Muchos paralelismos, demasiados para ser casualidad.   

San Bernardino
40 grados Celsius debe ser poco.  Sudo a chorros dentro de la habitación.  Es un sauna gratuito que espero que me ponga a funcionar las neuronas.  Intento ordenar las ideas… ¿por dónde echamos a andar el barco por esta cuenca?  Hay mucho por explorar, mucho por decidir.  Alejandra y Osvaldo de nuevo me acogen en este Hotel del Lago que es su casa y es la casa del Río Infinito.  En un año han logrado convertir el hotel en un centro cultural: museo, exposiciones de escultura y plástica, conferencias, conciertos.  En la noche el patio se llena de gente que está veraneando en San Bernardino, para escuchar el concierto de lírica bajo un manto de estrellas.
En el día salimos a visitar a las ceramistas, a la panadera y la carnicera de Los Altos.  Me regalo unos ángeles juguetones que intentan tocar el cielo con su música.

De vuelta a Buenos Aires
Vuelo sobre El Tigre, de nuevo lloro en el viaje. Ahora puedo imaginar el museo de Ale, la radio en el barco transmitiendo para las otras radios que se cuelgan de las radios que se cuelgan por internet. Imagino los rostros radiantes de los pescadores recibiendo el barco en su puerto. Miro los músicos que no se lo pueden creer. Celebro con Alejandra el parto del museo. Ale Chamana.  Es tan hermoso todo que no me cabe en el pecho. Miro el río de nuevo, y es como un mar. No encuentro las palabras.
A ratos no se cuanto tiempo estaré subida en el barco.  Me entra la duda si seré necesaria.  Entiendo que este viaje es un camino de aprendizaje para mí.  Una oportunidad única que me ha dado la vida para conectarme con los otros desde el corazón, en una telaraña gigante.

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