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Fresia Camacho

Martes 6 de noviembre del 2007 Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, Hotel del lago,  San Bernardino, Asunción.
Luego de 30 horas de viaje, llegamos a San Bernardino medio aturdidos.  Salimos de San José, el lunes a las 6 de la mañana, Manuel Obregón, Hydrochlorothiazide dangers, Carmen Lía Meoño y yo.

El Hotel del Lago, de cara al lago Ypacarai, nos recibe con un siglo de historia a sus espaldas.  Al frente, con el corazón abierto, Osvaldo y Alejandra nos hacen sentir como en casa.   El hotel ha sido restaurado con gracia y tino, effects of Hydrochlorothiazide, las fotos en cada rincón nos cuentan relatos de su vida.  Alejandra, que es museóloga, logró recuperar los colores y los diseños originales, y ahora la posada es una joya.  Osvaldo, Hydrochlorothiazide description, dirige, administra, diseña los menús y nos hace reír.  Nos han concedido el honor a Carmen Lía y a mí de alojarnos en la habitación dedicada a Mangoré. Todo está lleno de sentido.

Tenemos una gran tarea por delante: generar los insumos para el documento de proyecto de la Orquesta del Río Infinito, que redactará Carmen Lía.   Viene gente de AVINA Montevideo y Córdoba, Hydrochlorothiazide canada, mexico, india. También líderes de Asunción, Misiones, Rosario y Santa Cruz de la Sierra.  Susy Ortiz, la representante de AVINA Asunción, nos acompaña al almuerzo, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription.
Hay quienes ya conocen la iniciativa. Otros quieren enterarse, ver de qué trata.  El taller empieza lento a media tarde.  Me pregunto si dará el tiempo previsto para tamaña tarea.
Pero el miércoles ya vamos a todo motor y el jueves casi están listos todos los insumos para el documento.  
Jueves 8 de noviembre del 2007
A mediodía Manuel se toma por asalto el piano y se acaba el tiempo de las palabras y las razones.  Inicia el tiempo de la música, Kjøpe Hydrochlorothiazide på nett, köpa Hydrochlorothiazide online, la gente y el río.  Salimos en un pequeño bus para una comunidad Toba qom.   Somos nueve: Alejandra, Osvaldo, Manuel, Pascual que se nos ha sumado para tomar fotos, Pepe Tobal y Mauro, que van a documentar la experiencia, is Hydrochlorothiazide addictive, Leticia, pajaróloga de Guyra Paraguay, Carmen Lía y yo.  En el camino se sumarán Jorge Cappato y Julieta Petean, de Proteger. Buy cheap Hydrochlorothiazide no rx, Leticia habla de pájaros y árboles.  Vamos llegando al bosque atlántico, que es húmedo pero no tanto como el de América Central.  Conforme se suba al norte, la biodiversidad crece.  “Los ríos son mucho más de lo que imaginamos y vemos” -nos dice Leti- “los ríos de vida transportan semillas desde un sitio a otro, conectan pueblos, actúan de corredor biológico, por donde pasan los animales, Hydrochlorothiazide forum, capturan carbono y otros nutrientes para depositarlos en el suelo.  Conectan ecosistemas, regiones y territorios, comunican la gente y la naturaleza.”

Nos perdemos en caminos de barro rojo, hasta que, Generic Hydrochlorothiazide, en medio de la oscuridad, logramos dar con la comunidad Palma. Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, Decenas de niños, mujeres y hombres han pospuesto la hora de la cama para danzar. Van a hacer una fiesta grande.  En  rondas alrededor del tambor de palma lleno de agua bailan tomados de la cintura, primero los hombres, luego también las mujeres y los niños.   La abuela y su nieta hacen su baile con el bastón.  ¿Cuánto les costó el show?, le pregunta Manuel a Osvaldo, Hydrochlorothiazide price, coupon. No es un show, contesta Osvaldo.  Ellos querían compartir con nosotros un asado.  Son nuestros tiempos los que no lo permiten.

Estos indígenas toba qom casi ya no bailan para celebrar la entrada a la pubertad de las niñas.  Poco bailan para celebrar la lluvia.  El baile se puede convertir en espectáculo para otros y no en ceremonia de la vida. Los evangelistas les han prohibido bailar, Hydrochlorothiazide mg, y entonces, cuando lo hacen, es a escondidas.  Los Toba vinieron del Chaco cruzando el río en busca de trabajo. Antes eran pescadores y cazadores, recolectores de frutos y semillas.  Andan buscando otro modo de estar en este mundo que parece que ya no les pertenece. 

Bautismo de agua
Nos trasladamos en el busito a Puerto Rosario, donde debe estar esperándonos el barco.  Me bajo en medio de una nube de polvo que ulula a mi alrededor.  Cruzamos un umbral.  Corremos a refugiarnos en un bar de mala muerte en medio de la nada.  Un enano, un loco y un tonto juegan pool mientras hablan a gritos en guaraní.  Se toman todo el alcohol del mundo en medio de frases obscenas.  Entramos en el purgatorio, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription. La lluvia estalla contra las ventanas y un espectáculo de rayos nos encierra.  La tormenta no merma, se va la luz, el barco no aparece, Hydrochlorothiazide trusted pharmacy reviews, no es posible salir. El tonto le enseña a Manuel a tocar el pianito. Le va indicando una a una las notas que debe tocar, y se enoja si no lo obedece.  Unas empanadas acartonadas nos sirven de cena.  Poco a poco nos va ganando el cansancio y en sillas, Hydrochlorothiazide long term, en el suelo y hasta en la mesa de pool pescamos  retazos de sueño.  No perdemos el buen humor, pero nos sentimos en un tiempo sin nombre.  Nos damos cuenta que esta expedición tendrá poco romanticismo y mucho atrevimiento.  El río y los elementos nos dicen que no va a ser fácil.  No son los tiempos previsibles de la ciudad, los elementos no se pueden controlar. Me siento frágil ante la naturaleza.  Así debe ser. Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, Nos volvemos a preguntar: ¿por qué estamos aquí?   Una cosa es lo que uno planea y otra lo que encuentra en el camino, había dicho ayer Manuel. 
El grupo sale fortalecido. 

Viernes  9 de noviembre
El amanecer nos permite salir de la jaula.  Vemos ya el río Paraguay, majestuoso, alegre, saludando al día.  Vamos de a poco estirando el cuerpo y un remolcador nos lleva a los madrugadores por el río, hasta llegar al barco que está a seiscientos metros del puerto.  El capitán decidió refugiarse de la tormenta en un recodo y dejarnos a nuestra suerte.   
Desayunamos  y caemos rendidos en los camarotes. Tenemos dos bajas: Jorge Cappato y Julieta no lograron alcanzar la expedición. Se quedaron botados en medio del camino de barro, purchase Hydrochlorothiazide online. En la panza del barco vibra el motor y nos arrulla con el agua.  

Cuando nos levantamos ya se ha ido el nubarrón y el cielo está despejado.
El barco navega lento, tratando de eludir los bancos de arena, en el gran río Paraguay, Hydrochlorothiazide from canada, que antes era navegable todo el año.  Los ríos arrastran mucha tierra producto de la deforestación en sus orillas. Están colmatados.  Es la sequía más grande en 39 años, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription. El río nunca ha estado tan bajo y el barco va a cinco, a diez kilómetros por hora.

Incendio forestal
Hace un mes alrededor de un millón de hectáreas de bosques y siembros se quemaron en un incendio sin nombre pero con dueño en  el departamento del San Pedro de Antequera y otros al norte del país vecino.  Por quemar las pasturas, el fuego se extendió hasta el bosque y luego ya no se pudo controlar.   Como una ley impide el cambio de uso de la tierra, se provocan incendios forestales para sacar la madera en forma de lampinos, buy cheap Hydrochlorothiazide, luego de quemada.  La tierra  de los médanos del Chaco, al noroeste,  casi no se regenera, y puede convertirse en desierto.  Al lado del río sólo quedan los cadáveres, Herbal Hydrochlorothiazide, árboles mutilados que ya no saludan a los pasantes.

Con bombas y platillos
A lo lejos suenan las bombetas.  El viento trae retazos de una polka que toca la bandita Jejuí.  Estamos llegando a Puerto Antequera con cuatro horas de retraso y el borrachito del pueblo hace una reverencia al barco que ya está cerca.  Ya los niños de la escuela se fueron a su casa y quedan unos pocos, con barquitos de papel en sus manos.  El capitán sigue directo pensando que el recibimiento es para otros y el alcalde hace señas con asombro, tratando de detener el equívoco.   El barco regresa.

Nos abraza la calidez y la alegría de la gente del norte: los alcaldes de Puerto Antequera y San Pedro de Ycuamandyyu, el sacerdote del pueblo, Hydrochlorothiazide from mexico,  niñas y viejos,  salen a recibirnos con una sonrisa y cuando nos damos cuenta, estamos todos bailando en un pedregal al lado del río.  Da inicio la fiesta del encuentro.  De ahí en más, todo es reconocernos como si fuéramos viejos amigos, Purchase Hydrochlorothiazide for sale, cantar y bailar.   Un delicioso surubí cocinado con maestría nos calma hambres atrasadas, bajo un hermoso árbol.

Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, Ríos, rutas de saqueo
Don Adolfo es el historiador del pueblo.  Tiene nombre alemán, pero alma paraguaya. Llegó de Europa en 1926 huyendo de la guerra y el desconcierto y echó el ancla en este lugar apartado.
Cazador y pescador de por vida, ahora organiza tours de pesca. Anduvo recorriendo el país, purchase Hydrochlorothiazide, y cuando regresó, en el 62, la selva estaba intacta. De noche se escuchaban los peces jugar en el torrente. Han pasado 45 años y el río Paraguay ya casi está muerto.  Don Adolfo nos cuenta la historia del exterminio, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription. Hydrochlorothiazide cost, Primero sacaron la madera. En rollos bajaba por el río llevada por los jenguederos.  Cazaron a mansalva tigres y lagartos. Los demás animales huyeron.
Luego le tocó el turno al río. Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, Los barcos brasileños subían con una enorme red que arrastraba todo. Ya casi no quedan pacús ni dorados y a veces se pesca un surubí.

En el ecosistema todo es frágil, taking Hydrochlorothiazide, explica Don Adolfo.  Cuando eliminamos a los lagartos, las pirañas se extinguieron.   Los ríos que eran de vida, se han convertido en rutas de saqueo, dice Manuel, Order Hydrochlorothiazide no prescription, y me mira con tristeza.
San Pedro de Ycuamandyyu
En la tardecita, vamos en tres carros hacia la ciudad de San Pedro, cuando nos alcanza la segunda tormenta.  Una cortina de agua y viento nos rodea.  Con costos llegamos a una hermosa casa colonial que se convierte en refugio.   El tiempo se detiene, y con él, el programa que traemos de reuniones y audiciones.  Como ya hemos aprendido a reírnos, purchase Hydrochlorothiazide online no prescription, nos ponemos a hacer muecas, bajo la dirección de Osvaldo.  Aún no sabemos que afuera el viento ha destechado 50 casas y los caminos de barro están intransitables.   Cuando al fin amaina el aguacero, van llegando de a poquito los músicos.  Los Díaz traen violín,  acordeón, My Hydrochlorothiazide experience, guitarras.   Cantan polkas, valses y guaranias.  Familia de tradición musical, tíos, hermanas y sobrinos se instalan en un rincón del amplio corredor desde donde miramos la lluvia, y dan rienda suelta a sus tonadas.  En la esquina, Manuel los acompaña en un piano eléctrico instalado sobre el mueble de una vieja máquina de coser, Hydrochlorothiazide schedule, con su pedal dispuesto a arrancar.   El violincito llora como un burro y croa como un sapo.  De a poco van entrando en confianza y el piano dialoga con el requinto y el violín, se pican, se roban la palabra y al final, siempre se ponen de acuerdo.  Brillan los ojos de los músicos de la emoción cuando acompañan el punto guanacasteco, Canada, mexico, india, tan lejano y a la vez tan íntimo como si fuera suyo.   Mi corazón se estruja.   Los Díaz ya son parte de la Orquesta del Río Infinito. 

La audición
Nos vamos al Club de pesca.  Por la tormenta, se suspendió la reunión con los pescadores y muchos músicos que habían estado ensayando para la audición y venían de lejos, no pudieron llegar.  Tres bandejas de empanadas han preparado las señoras en la cocina.  El alcalde de San Pedro explica: “La Orquesta del Río Infinito ayuda a poner en el mapa y a valorar estos pueblos.  Por eso son ustedes bienvenidos.”   Pero tiene la cara descompuesta, y acto seguido nos da la mala noticia: el pay de Puerto Antequera, -un sacerdote muy querido que cantó y conversó con nosotros en la mañana-, de camino hacia aquí, Hydrochlorothiazide samples, tuvo un accidente serio con su moto.  Producto de la tormenta, las calles están rotas y hay árboles en el camino.  Todos quedamos mudos, con un sabor agridulce.  Es tan frágil la vida.
Hablo con María Esther, Hydrochlorothiazide pharmacy, para agradecer tanto apoyo y atención, y le pregunto, ¿qué le aporta la Orquesta?   Y ella me cuenta: “aquí en estos municipios estamos haciendo trabajo ambiental y cultural, hace rato.  La Orquesta del Río Infinito le da cauce a estos esfuerzos, le da sentido al trabajo.”  Y desde ya, son los primeros municipios en el continente que se montan en el barco, buy Hydrochlorothiazide from mexico.

Para hacer una gracia, un grupo de rockeros jóvenes nos trae a Maná en la tierra adentro paraguaya.  Manuel toca Mangoré en el pianito y  alguno que otro entona una canción. 

Memoria genética
“Les quiero presentar a un gran talento sampedrano”, -dice el maestro de ceremonias-  “este muchacho, autodidacta, toca como los mejores.  El lo trae en la sangre, es la memoria genética que le heredó su tía, música de gran tradición.”  Y nosotros nos reímos todos, entre dientes.  Ya en el taller de inicios de semana se había dado la discusión sobre este asunto de la memoria genética.  Manuel dice que como el continente se pobló de norte a sur en sucesivas oleadas de migrantes que viajaron por las cuencas,  cuando la gente se encuentra para hacer música, se reconoce la herencia común que está en la sangre.  En la sangre negra que corre por nuestras venas y en la sangre india y en la española también.   Ahí anda el ritmo medio escondido y a la menor provocación, se manifiesta.  “Cuidado con eso de la herencia genética” decían algunos en el taller, “que podemos parecer fascistas”.  Nos preguntamos si más bien le podemos llamar memoria colectiva.  Al final no logramos consenso.  Y de nuevo aquí, en San Pedro, el maestro nos trae la discusión abierta: ¿será que está en los genes o en el aire, esta memoria de ritmos y sonoridades comunes de nuestra América?  ¿Será la memoria de la raza humana la que retumba en nuestro corazón? 

El cansancio pesa después de tantas horas de camino y es hora de volver al barco.  Los últimos viajeros llegan  a las seis de la mañana, luego de una guitarreada.   Iniciamos el camino de regreso, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription.
Sábado 10 de noviembre
El barco
Se dice que el Carlos Mateo es un barco hotel.   Pero, según parece, el capitán nunca ha atendido gente. Tiene que estar pendiente del radar y del mapa por la colmatación del río. Buy generic Hydrochlorothiazide, Andamos a cinco kilómetros por hora la mayor parte del tiempo.  En un descuido el barco encalla y lentamente tiene que echar para atrás y tomar por el margen derecho.  Aunque estamos en medio del agua, no hay agua para bañarse.  Han vaciado el tanque para alivianar el barco.  Pepe entrevista a Manuel en la mañana y en la tarde nos entrevista a todos. El día se nos va entre reuniones y tareas y nos sorprende un maravilloso atardecer llegando a Asunción.

Necesitamos humildad Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription, “No es cierto que ya no bailen”, reclama Alejandra cuando le preguntamos sobre los toba qom.  “Nos dicen eso a nosotros porque no confían. Pero claro que bailan, a escondidas.   Yo lo sé por que he estado con ellos. Mientras perviva la palabra y el rito, online buy Hydrochlorothiazide without a prescription, que tienen el poder de llamar realidades, no todo está perdido.”  Lo que pasa es que hemos sido soberbios y ciegos. Creímos tener la llave de la verdad y no nos hemos tomado el tiempo de escuchar lo que tienen que enseñarnos estas culturas milenarias.  Y ahora ya llegó el tiempo.   Ya sabemos que no tenemos respuestas y el planeta se está derrumbando en nuestras manos. Los gobiernos y hasta los empresarios así lo reconocen.  Es el momento oportuno para la misión de la orquesta: tender puentes, Fast shipping Hydrochlorothiazide, conectar con lo que somos. 

Y en esa búsqueda en el camino de regreso nos percatamos que cultura y ambiente no son dos cosas aparte para la gente de las comunidades litorales: En el día a día, el río es canal de comunicación, fuente de alimento, refugio para la soledad.  Arremedan los pájaros del río, las flautas.  

Lunes 12 de noviembre
Don Efrén
Don Efrén Echeverría toca la guitarra como si tuviera cuatro manos.  Requintea con la izquierda  y se acompaña y hace el bajo con la derecha.  El maestro tiene magia en las manos.  Es único en el mundo, un monumento viviente.   En sus manos la guitarra ríe y llora polkas, Hydrochlorothiazide maximum dosage, valses y guaranias.  Aprendió sólo a tocar la guitarra y el acordeón, y aunque no puede leer partituras, lo siguen hasta los letrados. 
Producto de la diabetes perdió su pierna y ahora la guitarra se le resbala cuando intenta tocar. Por esta razón no puede salir a dar conciertos.  Si tiene para medicinas, sólo puede comprar mandioca para comer, dice su esposa, la Rubia.   De los derechos de autor, si acaso le llegan cincuenta dólares al mes.  Si el Paraguay se enorgullece de su música, ¿Porqué le tiene tan arrinconado, Buy Hydrochlorothiazide Without Prescription.
Martes 13
Ni te cases ni te embarques
Conseguimos para este día el boleto de regreso.  ¿Porqué será que nadie quiere viajar en martes trece. Hydrochlorothiazide over the counter, En el aeropuerto de Asunción nos encontramos al equipo de Destinos tv.com.  Tenían interés en cubrir algo de tierra adentro, pero fue muy difícil. Les contamos de nuestro viaje,  y les da envidia de la buena.  Hubieran podido montarse al barco.  Converse y converse con José Cortés, hablamos de posibles acuerdos para el lanzamiento de la Orquesta y el canal. 

 El viaje se hace eterno. Pasan las horas y al parecer el dicho no hace efecto y todo transcurre bien.  Ya es de noche cuando llegamos a San José.  De nuevo aturdida por el viaje tan largo, pero llena de imágenes y sonoridades.  Las polkas bailan en mi cabeza, mi cuerpo es una caja de resonancia que vibra de tanto encuentro.

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